El enfoque oriental de la salud ha consistido siempre en aumentar la propia vitalidad y alejar la enfermedad en vez de combatirla una vez contraída.
La verdadera salud denota un equilibrio general en el que uno tiene la capacidad recuperarse rápidamente de la tensión y los desequilibrios creados en el trabajo o cualquier otra actividad.
En occidente solemos acoplarnos a los ritmos impuestos por la vida urbana que nos alejan del propio ritmo.
A través del Zen Shiatzu y la vibración de los Cuencos Tibetanos busco que la persona se reencuentre con su propia sintonía para devolverle ese tan necesario equilibrio.

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